La barca.
Paseo por la orilla de tu playa solitaria,
llena de silencios entre el ruido de las olas
y el cantar de las gaviotas blancas.
Ya no estás, hace tiempo que marchaste,
pero huelo en mi piel tu sabor a sal
y me calienta este sol de tu paisaje.
La luz quedó suspendida en el aire,
sin tiempo, sin lugar ni realidad
y mi alma susurra cantos de sirena
para que vuelva el amor que navega
quizás en el horizonte o en ninguna parte.