COPLAS (fragmento cuarto)
Los estados y riquezas
que nos dexan a deshoras,
¿quién lo duda?,
no les pidamos firmeza,
pues que son de una señora
que se muda.
Que bienes son de Fortuna
que revuelve con su rueda
presurosa,
la cual no puede ser una
ni ser estable ni queda
en una cosa.
Pero digo que acompañen
y lleguen hasta la huesa
con su dueño;
por eso no nos engañen,
pues se va la vida apriesa
como sueño;
y los deleites de acá
son en que nos deleitamos
temporales,
y los tormentos de allá
que por ellos esperamos,
eternales.
Los placeres y dulçores
d'esta vida trabajada
que tenemos,
¿qué son sino corredores,
y la muerte es la celada
en que caemos?
No mirando a nuestro daño,
corremos a rienda suelta
sin parar;
des' que vemos el engaño
y queremos dar la vuelta,
no ha lugar.
Si fuese en nuestro poder
tornar la cara fermosa
corporal,
como podemos hacer
el alma tan glorïosa
angelical,
¡qué diligencia tan viva
tuviéramos cada hora,
y tan presta,
en componer la cativa,
dexándonos la señora
descompuesta!
Estos reyes poderosos
que vemos por escripturas
ya pasada,
en casos triste, llorosos
fueron sus buenas venturas
trastornadas:
así que no hay cosa fuerte;
que a papas y emperadores
y prelados
así los trata la muerte
como a los pobres pastores
de ganados.

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