COPLAS (fragmento quinto)
Dexemos a los troyanos
que sus males no los vimos,
ni sus glorias;
dexemos a los romanos,
aunque oímos y leímos
sus historias.
No curemos de saber
lo de aquel siglo pasado
que fue d'ello;
vengamos a lo de ayer
que tambien es olvidado
como aquello.
¿Que se hizo del rey don Juan?
Los infantes de Aragón,
¿qué se hicieron?
¿Que fue de tanto galán,
qué fue de tanta invención
como truxeron?
Las justas e los torneos,
paramentos, bordaduras
e cimeras
¿fueron sino devaneos?
¿Que fueron sino verduras
de las eras?
¿Que se hicieron las damas,
sus tocados, sus vestidos,
sus olores?
¿Que se hicieron las llamas
de los fuegos encendidos
de amadores?
¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel dançar
y aquellas ropas chapadas
que traían?
Pues el otro su heredero,
don Enrique, ¡qué poderes
alcançaba!
¡Cuán blando, cuán halaguero
el mundo con sus placeres
se le daba!
Más verás cuán enemigo
cuán contrario, cuán cruel
se le mostró,
habiéndole sido amigo,
¡Cuán poco duró con él
lo que le dió!
Las dádivas desmedidas,
los edificios reales
llenos de oro,
las baxillas tan fabridas
los enrique y reales
del tesoro;
los jaeces y caballos
de sus gentes y atavíos
tan sobrados,
¿dónde iremos a buscallos?
¿qué fueron sino rocíos
de los prados?

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