COPLAS (fragmento sexto)
Pues su hermano el inocente,
que en su vida sucesor
se llamó,
¡qué corte tan excelente
tuvo y cuánto gran señor
que le siguió!
Mas como fuese mortal,
metióle la muerte luego
en su fragua,
¡Oh juïcio divinal!
Cuando más ardía el fuego
echaste agua.
Pues aquel gran Condestable
Maestre que conocimos
tan privado,
no cumple que d'el se hable,
sino sólo que lo vimos
degollado.
Sus infinitos tesoros,
sus villas y sus lugares,
su mandar,
¿qué le fueron sino lloros?
¿Que fueron sino pesares
al dexar?
Pues los otros dos hermanos,
Maestres tan properados
como reyes,
c'a los grandes y medianos
traxeron tan sojuzgados
a sus leyes;
aquella properidad
que tan alta fue subida
y ensalçada,
¿qué fue sino claridad
que cuando más encendida
fue amatada?
Tantos duques excelentes,
tantos marqueses y condes
y barones
que vimos tan potentes,
di, muerte, ¿do los escondes
y los pones?
Y sus muy claras hazañas
que hicieron en las guerras
y en las paces,
cuando tú, cruel, te ensañas
con tu fuerça los atierras
y deshaces.

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