Proverbios y cantares
¡Oh fe del meditabundo!
¡Oh fe despues del pensar!
Sólo si viene un corazón al mundo
rebosa el vaso humano y se hincha el mar.
Soñé a Dios como una fragua
de fuego, que ablanda el hierro,
como un forjador de espadas,
como un bruñidor de aceros.
que iba firmando en las hojas
de luz: Librea. Imperio.
Yo amo a jesús, que nos dijo:
Cielo y tierra pasarán.
Cuando cielo y tierra pasen
mi palabra quedará.
¿Cuál fue, Jesus, tu palabra?
¿Amor? ¿Perdón? ¿Caridad?
Todas tus palabras fueron
una palabra: Velad.
Hay dos modos de conciencia:
una es luz, y otra, paciencia.
Una estriba en alumbrar
un poquito el hondo mar;
otra, en hecer penitencia
con caña o red, y esperar
el pez, como pescador.
Dime tú: ¿Caul es mejor?
¿Conciencia de visionario
que mira en el hondo acuario
peces vivos,
fugitivos,
que no se pueden pescar,
o esa maldita faena
de ir arrojando a la arena,
muertos, los peces del mar?
Fe empirista. Ni somos ni seremos.
Todo nuestro vivir es emprestado.
Nada trajimos; nada llevaremos.
¿Dices que nada se crea?
No te importe, con el barro
de la tierra, haz una copa
para que beba tu hermano.
¿Dices que nada se crea?
Alfarero, a tus cacharros.
Haz tu copa y no te importe
si no puedes hacer barro.
Dicen que el ave divina,
trocada en pobre gallina,
por obra de las tijeras
de quel sabio profesor
(fue Kant un esquilador
de las aves altaneras;
toda su filosofía,
un sport de cetrería)
dicen que quiere saltar
las tapias del corralçon,
y volar
otra vez, hacia platón.
¡Hurra! ¡Sea!
¡Feliz será quien lo vea!
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