Crecen las palabras
Van creciendo las palabras,
desde la cuna incierta
hasta el túmulo de piedra.
Balbucean y se empapan
de lisonjas, leche y menta;
aparecen espontáneas,
se aturrullan y se espantan,
cuando el viento se las lleva.
Se acomodan en las tapias,
ensartadas por saetas,
encendidas y turbadas,
se iluminan y agigantan
porque el tiempo las venera.
Se enriquecen y se engarzan,
vulnerables marionetas,
en canciones y sonatas,
o se cubren de alabanzas
en los labios de un poeta.
Se relajan y se alargan,
en serenas alamedas,
entre sienes blanqueadas
y añoranzas rebasadas,
cuando agosta ya la espera.
En el huerto de las almas,
desde la cuna incierta
hasta el túmulo de piedra,
van muriendo las palabras.

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