En la plaza
en el cual me hacia torero,
y lidiaba en grandes plazas
'miuras de pelo en pecho'.
Era envidiado y querido
con poder y con dinero,
con mujeres a mi alcance
de tronío y de ensueño.
Y, cuando mejor lo pasaba
y todo era tan bello,
el pitón de un toro bravo
por poco me quita el resuello;
acabando con la lidia, con mi gozo
y con el sueño.
Sobresaltado en la cama
y con el susto en el cuerpo,
apenas recuerdo detalles
pero sí, un buen consejo:
'La vida tiene mil lances,
torea y hazlo sin miedo
recréate en la faena
y sé tu mismo en los quiebros,
¡que disfrute el tendido!
respeta al toro, que es fiero
pero noble -cual la vida-
si se toma con sosiego'.

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