En la vereda
Sólo tengo dos palmos
de territorio,
en la circunferencia
de mi persona.
Que siempre defendí
a precio de oro.
En esa fiel balanza
de mi conciencia.
En donde se equilibra
razón y fuerza.
Muchos pasos marcaron
en la vereda,
entre el breñar de arbustos
y enredaderas...
Hay zarzas que a tus pasos
siempre se enredan.
En la cima del valle,
donde la nieblas...
corona las montañas
en primavera.
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