La danza de los malditos
En los salones de la vida
danzan y danzan los malditos,
giran sus cuerpos exquisitos
entre sudores y mentiras.
En el rincón de las reliquias,
un vejestorio quiebra el ritmo
y en un mortal desequilibrio,
clava sus muecas en la pista.
La danza terca de la vida,
dejó su pecho hecho añicos.
Un corazón y mil latidos,
gimen dolientes su desdicha.

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