Olvido
Olvido...
Acerqué una silla a la mesa, encendí una vela,
para darle un poco de intimidad a mi pequeño espacio,
tan pequeño y tan mío
como el deseo de oír nuestra vieja canción…
y comencé a leer las cartas...
que, desde el corazón
de vetustos arcones de madera, cubrían el suelo...
Aquellas cartas… en las que me decías
que a veces, lo que reluce como el oro, es sólo apariencia...
cuando yo creía hallar en tu presencia un manantial
y sólo encontraba un desierto...
Me decías que tu vida
era como un río, pero sin la afluencia
necesaria para mantener su cauce
Aún así, seguía creyendo en ti, a pesar de todo…
A pesar de ver como derramabas tu vida inútilmente...
Junté una a una tus cartas,
bebí un sorbo de mi vino amargo…
mientras la canción se apagaba
lentamente junto a la vela…
cerré los ojos…
y me alcanzó el olvido…

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