Toda hermosa
y el odio de los hombres mancilla tu belleza,
la cara oculta del mal parece triunfar con destellos de agonía.
Tú, la sin mancha, la que siempre sueñas con
días de alegría;
espera, en el regazo de las horas, la vuelta
del hijo que desparrama vidas.
Acoges en silencio las ofensas de aquellos que amas
sin medida
y aguardas, en la noche, la lágrima que brote
para redimir del mal a quien te mira.
Tú, la más amada, la siempre pura, ¡madre querida!
Recibe con caricias en los ojos, a quien busca encontrarte
en esta vida.
Y perdona el silencio de los hombres,
los insultos, las blasfemias y los actos,
de aquellos que ignoran
donde vive lo mejor,
la caricia, la bondad y lo que amo.

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