A un amigo
Tengo un amigo pesado
que me pide que disculpe
los excesos celestiales
de sus colegas azules,
que desfilan en sus fiestas,
que tiranizan y juzgan
que sus razones son ciertas.
Tengo un amigo pesado
que me exige que deplore
los eventos infernales
de los viles bermellones,
que se defienden con piedras,
que se violentan y luchan
por su ideas más tercas.
Amigo:
Perdonar y condenar
son cosas de viejos curas,
concilios y dictaduras.
Si mis palabras te irritan
y me asignas a la lista
de ansiosos torturadores,
te ofreceré un par de gafas
con cristales de colores
que alivien tu intolerancia.

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