Aquí no baja el viento, se queda aquí en las torres, en las largas alturas, que un día caerán, batidas, arrasadas de su propia ufanía. Desplómate, ciudad, de hombres terribles, cae desde ti misma. Que balumba de ventanas cerradas, de cristales, de
Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.
Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.
¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela!
¿Por qué me miras tan serio,
carretero?
Tienes cuatro mulas tordas,
un caballo delantero,
un carro de ruedas verdes,
y la carreta toda
para ti,
carretero. ¿Qué más quieres?